Origen desconocido.- Para aquellos que creen en este tipo de maleficio, que puede causarse consciente o inconscientemente, he aquí una serie de métodos para prevenirlo y, en el peor de los casos, para destruirlo. Para los escépticos que les sirva de entretención.
El ojeo o mal del ojo es una de esas potencias malignas que poseerían ciertas personas, ya sea voluntaria o involuntariamente. Sin embargo, esta maldición suele atribuírsele a brujas y hechiceras que gozan de alguna característica en sus ojos, capaz de causar enfermedades y desgracias con su mirada. Se sostiene que los niños son más propensos que los adultos a ser víctimas de este mal. Un ojeo puede presentarse de dos maneras: como ojo callado -que se manifiesta cuando el pequeño cae en un profundo sueño y exhalando débiles quejidos- o como ojo llorado, que es cuando el infante lloriquea y grita sin descanso.
Existen famosos casos relacionados con este tema, como el conocido proceso de las Brujas de Salem, donde una de las acusadas, la señora Bishop, fue culpada de mirar de tal modo a los jóvenes del lugar que se desplomaban inmediatamente.
Cuando se es víctima de un mal de ojo, la leyenda aconseja que una persona ajena a la familia prepare un jugo de palqui -arbusto cuyas flores son utilizadas en Chile como sudoríficos y para curar la tiña- con sal. Esta misma debe pintarle la frente, articulaciones, la espalda, las manos y la planta de los pies al enfermo. Como el corazón es un órgano interno, el afectado debe tomar una pequeña cantidad de este jugo. Quienes han practicado esta receta curativa aseguran que el niño suspira, duerme y rato después se sana de la enfermedad. Asiduos a este tema, afirman que la mejor prevención contra este daño es el uso del color rojo. Basta ponerse una lanita de esa tonalidad alrededor del cuello y, al mismo tiempo, sostener una medalla religiosa, usando además cualquier prenda de color rojo para ahuyentar el mal. Si por desgracia éste ocurriera, se recomienda destruirlo con los siguientes procedimientos: vestir al niño con una camisa cuyo dueño se llame Juan, hacer sahumerios con tierra de tres esquinas o nido de diuca, poner ají tostado en cruz sobre la cabeza y recitarle oraciones. El mal de ojo también puede recaer sobre animales y plantas
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El mal de ojo
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